Residencia de los Walker
La noche cayó silenciosamente sobre la mansión Walker. Elizabeth esperaba en la sala de estar, con el corazón inquieto. En cuanto oyó el motor del coche de John acercándose, se levantó.
Él entró todavía con el traje puesto, pero con los hombros cargados por el día. Llevaba un maletín en las manos, y Elizabeth se dio cuenta inmediatamente de que esa noche no sería como las demás.
—John... —murmuró, yendo hacia él—. Por fin. Me he pasado todo el día esperando tu llamada.
—¿Dónde están las niñas? —preguntó él, tratando de parecer natural.
— Están bañándose con Dolores y Susan.
— ¿Y Lily?
— Aún no ha vuelto, dijo que iba a visitar a una tía y estoy empezando a preocuparme.
— Vamos a la oficina.
En cuanto entraron en la oficina, John dejó el maletín sobre la mesa y le cogió las manos. Su tacto era firme, pero su mirada delataba la gravedad del asunto.
—Cariño, tenemos que hablar.
Elizabeth respiró hondo y se sentó frente a él. John abrió el maletín y sacó unos pape