Pamela
Pamela acababa de salir del gimnasio; Sebastián permanecía en la oficina. En cuanto se encontró sola en la habitación, se dirigió al compartimento secreto de la cómoda y sacó el móvil. Tenía una notificación.
“Su cita en el salón ha sido confirmada”.
Frunció el ceño. Ese móvil lo usaba muy poco, solo para sus asuntos personales sin que Sebastian lo supiera, y ella no había concertado ninguna cita. Entonces, una sonrisa lenta y astuta se dibujó en sus labios. Logan le había prometido que encontraría una forma de comunicarse.
El mensaje también incluía la hora y el nombre de la profesional que la atendería.
—Logan, eres realmente muy inteligente... —murmuró.
Después de un largo baño, Pamela se vistió con elegancia calculada y bajó a la oficina. Sebastián levantó la vista cuando ella entró. El vestido ajustado y el andar deliberadamente sensual la hacían imposible de ignorar.
— ¿Vas a salir? —preguntó en tono frío, sosteniendo su mirada.
— Tengo una cita en la peluquería. —Pamela