Pronto llegó el momento esperado: los regalos. Entre muñecas, libros ilustrados y ropa delicada, Oliver se acercó con una sonrisa pícara, llevando una pequeña caja perfumada de madera.
—Esto es para mi nieta, que hoy cumple años—, dijo solemnemente.
Cuando Mary abrió la caja, un cachorro de raza, de pelaje suave y ojos vivos, saltó fuera, provocando gritos de sorpresa. La niña aplaudió encantada y todos a su alrededor se rieron de la escena.
Pero Antony, que observaba en silencio, sintió un nud