El bautizo se celebró un domingo por la mañana, en la pequeña capilla que John había construido en los jardines de la casa. Para la pareja, ese lugar era especial: era donde, todas las noches, daban gracias por la vida de su hijo y pedían protección para su familia.
Elizabeth estaba radiante con su vestido azul claro de encaje, con el bebé en brazos, envuelto en un delicado mantón blanco bordado a mano. John, elegante con un traje gris claro, no disimulaba su orgullo al mirarlos a los dos.
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