Elizabeth caminaba con gracia y ligereza, como si el mundo a su alrededor estuviera en cámara lenta.
—Vaya... Qué guapa está —susurró Bruce, encantado, antes de poder contenerse.
John lo miró fijamente.
—Debo recordarle, señor Pratt, que es mi esposa —dijo con una brusquedad que hizo sonrojar al asistente.
—Lo siento, señor. No era mi intención ser irrespetuoso. —Amaba a su novia, pero la señora Walker era realmente muy guapa.
Elizabeth estaba deslumbrante con un vestido amarillo con delicados