Elizabeth
A la mañana siguiente, Elizabeth despertó más tarde de lo habitual. Su celular estaba apagado; la batería se había agotado durante la madrugada y, por eso, no se levantó a tiempo para su acostumbrada visita a misa.
La noche anterior, había pasado horas inmersa entre catálogos, anotaciones e investigaciones, organizando su libro de recetas. Estaba tan concentrada que no se dio cuenta del paso del tiempo. Cuando finalmente miró el reloj, ya eran casi las dos de la mañana. Solo entonces, vencida por el cansancio, guardó todo y se fue a la cama.
Ahora, al mirar el reloj, vio que pasaban de las ocho. Su plan era haber ido temprano a la feria para comprar algunos ingredientes específicos para finalizar su nueva receta insignia. Pero, a esas alturas, dudó si todavía valía la pena salir, pues los mejores productos suelen acabarse en las primeras horas.
Mientras lo pensaba, un toque en la puerta la hizo sobresaltarse. No estaba esperando a nadie.
Al abrir, se encontró con Steve, sonr