Elizabeth
A la mañana siguiente, Elizabeth despertó más tarde de lo habitual. Su celular estaba apagado; la batería se había agotado durante la madrugada y, por eso, no se levantó a tiempo para su acostumbrada visita a misa.
La noche anterior, había pasado horas inmersa entre catálogos, anotaciones e investigaciones, organizando su libro de recetas. Estaba tan concentrada que no se dio cuenta del paso del tiempo. Cuando finalmente miró el reloj, ya eran casi las dos de la mañana. Solo entonces,