John
A la mañana siguiente, no fue ninguna sorpresa saber que Pamela estaba nuevamente en el edificio. John, que ya lo había previsto, dejó órdenes autorizando su entrada.
—¡John! —exclamó Pamela, resoplando al entrar en la oficina sin siquiera tocar la puerta, con Anne visiblemente indignada detrás de ella.
Él alzó los ojos lentamente, dejando la pluma con un suspiro contenido. Pamela tenía ese don irritante de aparecer cuando él menos lo deseaba. Llevaba un blazer rojo ajustado al cuerpo, la falda a juego y unos tacones altos que martilleaban el suelo, anunciando su presencia incluso antes de aparecer.
—Señor Walker, discúlpeme. No pude detenerla.
—Está bien, Anne. Puede retirarse.
Anne asintió y salió.
—Pamela… —dijo él en un tono cansado—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Qué estoy haciendo aquí? —replicó ella, cruzándose de brazos, el rostro encendido de indignación—. ¡Te esperé ayer durante horas! Ignoras mis mensajes, mis llamadas… ¿Vas a fingir que no lo sabes?
John se levantó, lle