John
A la mañana siguiente, no fue ninguna sorpresa saber que Pamela estaba nuevamente en el edificio. John, que ya lo había previsto, dejó órdenes autorizando su entrada.
—¡John! —exclamó Pamela, resoplando al entrar en la oficina sin siquiera tocar la puerta, con Anne visiblemente indignada detrás de ella.
Él alzó los ojos lentamente, dejando la pluma con un suspiro contenido. Pamela tenía ese don irritante de aparecer cuando él menos lo deseaba. Llevaba un blazer rojo ajustado al cuerpo, la