En cuanto salió del edificio, el coche la esperaba en la entrada y el chófer abrió la puerta en cuanto ella se aproximó. Pamela se sentó en el asiento trasero, respiraba aceleradamente, se pasó la mano por el rostro intentando contener las lágrimas de rabia.
Tomó el móvil y realizó una llamada.
—Hola. —La voz masculina al otro lado sonó grave.
—Quiero que investigues a una persona —dijo ella con firmeza—. Quiero información sobre ella. Toda. Con quién se relaciona, adónde va, qué hace. Quiero l