John
En cuanto entró en el bar, el celular vibró en su bolsillo. John lo tomó y, al ver el nombre de *Pamela* iluminando la pantalla, apretó el botón de apagar sin dudar. No quería escuchar su voz ni ser arrastrado a otra conversación llena de insinuaciones y exigencias.
Esta vez, tomó una decisión silenciosa: dejaría el teléfono en modo silencioso por el resto de la noche. Necesitaba desconectarse de todo… y de todos.
John pasó el resto de la tarde y buena parte de la noche con Bruce en el bar.
Pidieron otra ronda y, esta vez, John no llegó a embriagarse como en otras noches. Al contrario, animó a Bruce a acompañarlo con los tragos. No había prisa por volver; el chofer y el guardaespaldas esperaban afuera.
La conversación empezó ligera, hablando del trabajo y de algunos episodios divertidos de la oficina. Pero, poco a poco, fue cambiando de tono. John, en un raro gesto de curiosidad genuina, preguntó:
— Sabes, Bruce, me he dado cuenta de que no sé casi nada sobre ti. Trabajas conmigo