En la oficina, John ni siquiera se tomó la molestia de devolver la llamada de su madre. Sabía que, tarde o temprano, ella volvería a llamar.
Intentó concentrarse en los documentos frente a él, pero su mente insistía en divagar. Su capacidad de enfoque, antes implacable, estaba debilitada. Leía la misma línea dos o tres veces antes de comprender su sentido.
El timbre del celular lo arrancó de la distracción. No era su madre. Era su abuelo. Y a él no podía ignorarlo.
— Hola, abuelo —dijo, forzando