Aquella noche, John llegó a la mansión Walker con el semblante serio y cansado. El chofer estacionó frente a la entrada principal y él descendió, ajustándose el saco antes de subir los amplios escalones del porche.
En cuanto entró, escuchó voces en la sala de estar. Martha se levantó de inmediato, sonriendo con afectación.
—John, querido, qué bueno que viniste —dijo, acercándose para besarle la mejilla. Ella realmente extrañaba al hijo.
—Buenas noches, mamá… papá… abuelo. —Su tono se suavizó al