Martha
En la mansión Walker, Martha colgó el teléfono con un suspiro pesado y el ceño fruncido.
—¿Qué ha pasado, querida? —preguntó Roger, dejando su taza de té sobre la mesa de centro.
—Es tu hijo… no me contesta. —Su tono era seco, irritado. Cada vez que se refería a John de ese modo, Roger sabía que algo la había molestado profundamente.
—Hace mucho tiempo que John no nos visita, no atiende ni devuelve mis llamadas… —continuó, con amargura—. Seguro es culpa de esa mujercita.
Roger suspiró, t