Poco después de que Bruce salió, Pamela entró por la puerta con su presencia impactante: perfumada, con la ropa perfectamente ajustada al cuerpo, el cabello impecable y un labial rojo vibrante. No se podía negar que estaba hermosa, y esta vez no intentó disimular sus intenciones con un tailleur más discreto.
Pamela caminó hacia él, el tacón fino resonando en el piso, cada paso calculado para llamar la atención.
—¡John! ¿Por qué no me has atendido? Desde la última vez que estuve aquí intenté con