Habían pasado varias semanas desde que Elizabeth había dejado a John. En ese tiempo, organizó el apartamento de forma sencilla pero con buen gusto, compró ropa clara y floreada, puso en marcha el plan de negocio del restaurante y empezó a asistir a la iglesia local. Pronto se ganó el cariño de la comunidad con su serenidad, dulzura y talento como pianista y cantante voluntaria en las misas.
Todo parecía ir bien... excepto por una cosa: aún no había olvidado a John. A pesar de la distancia, a pe