Elizabeth
En un pequeño pueblo de montaña, mientras caminaba por las tranquilas calles de adoquines rústicos, Elizabeth sintió que su corazón se encogía sin motivo aparente. Se detuvo, respiró hondo y miró el cielo pintado en tonos dorados y rosados al atardecer. Se le hizo un nudo en la garganta y sintió ganas de llorar, pero contuvo las lágrimas, parpadeando rápidamente.
«¿Por qué me siento así?», se preguntó en silencio, llevándose la mano al pecho. El viento le agitaba el cabello color miel