- Chema, ¿Qué no piensas ir a casa? ¡Anda, amigo, vamos a descansar! -dijo Fernando Santiesteban.
- Estoy llenando el último reporte y voy a casa…
- No conozco a otro hombre que luego de un turno de 48 horas, se vea tan fresco como tu…
- No exageres, tú también, mírate, luces muy normalito…
- Oye, por cierto, te vi hablando con el señor D’Angelo, ese hombre si que da miedo y mira que es mucho más joven que yo.
- Ese hombre no debería darte miedo, es un hombre como tu o como yo… -dijo José María sin levantar la vista de su reporte.
- Sí, pero ese hombre es rico y poderoso, gracias a él, hemos hecho grandes avances en tu investigación.
- ¡Lo sé! Pero hay algo en él que no me da buena espina, mira que me llamaba la atención conocerlo, pero hoy que hablé con él, ¿puedo serte honesto?
- Claro, dime…
- No me inspira confianza, no me agrada… Su hija es un verdadero encanto, no entiendo como una niña tan dulce, puede ser hija de un hombre como él.
- Bueno, no estamos aquí para juzgar a los pad