Amelia, al despertar, se llevó la sorpresa de que Luciano no se encontraba por ningún lado. Aquello le dejó con una extraña sensación, pues aún no se sentía muy segura de qué era lo que había sucedido hacia unas horas atrás.
Llena de duda y confusión, se levantó y trató de poner la mejor de sus caras, aunque, siendo honesta consigo misma, sentía que no podía ver a los ojos a Tere, no después de todo el drama que la pobre mujer había tenido que presenciar.
- ¿Señora? ¿Todo bien?
- Ho… Hola Tere -dijo Amelia con un poco de vergüenza.
- ¿Qué sucede señora?
- Tere, quiero pedirte una disculpa por lo que sucedió hace unas horas, no supe cómo manejar la situación.
- Señora, tranquila, yo en su lugar… Habría reaccionado igual…
- ¿Lo viste?
- Hmm… ¿Ver qué, señora?
- A Luciano…
- Sí, pero al final, señora, mi trabajo aquí es cuidar de esta casa y ayudarla en todo lo que se pueda con Almendra.
- Mi niña, ya debe estar despierta y hambrienta. -dijo Amelia sintiendo una punzada en el c