El regreso a México fue silencioso, no hubo muchas explicaciones, Amelia no lo decía, pero sabía que algo tenía que ver con lo que Almendra le había contado en secreto.
Amelia comprendía lo doloroso que debía ser perder a la persona que tanto amaste, ella había perdido a su hija y, aun con el tiempo, en ocasiones solía llorarle cuando nadie la veía. Con todo ello en mente, aquella mujer solo se limitaba a mirar y no preguntar, ni emitir algún comentario.
- ¡Tere! -dijo Almendra al descender de la camioneta de su padre de la mano de Amelia.
- ¡Mi niña linda! ¡Qué grande estás! ¡Mírate nada más, hija! Este viaje te ha hecho crecer centímetros. -dijo Teresa guiñándole el ojo a Amelia, quien sonrió brevemente.
- Teresa, pídele al personal de servicio que te ayude a bajar las maletas… -dijo Luciano pasando rápidamente al lado de ellas.
Amelia lo miró y junto a Tere, se quedó sorprendida, aunque Tere solo se limitó a responder con un:
- ¡Sí, señor!
Teresa conocía a Luciano desde hacía casi 5