En uno de tantos días, Paloma ya no pudo más con la incertidumbre de lo que ocurría, se armó de valor y le pidió a Luciano verse de manera muy urgente. Ella sabía bien que su hermano se negaría, por lo que no tuvo más remedio que amagarlo con el tema de Almendra.
- Luciano… Disculpa que te haya obligado a vernos, pero de verdad, de verdad, necesitaba que habláramos. -dijo Paloma tratando de parecer calmada.
- Ya estoy aquí, ¿qué sucede? -dijo el hombre muy tranquilo.
- Hermano, no sé qué haya oc