Luego de aquella apasionada noche, a la mañana siguiente Amelia despertó con el canto de las aves y los primeros rayos de sol colándose por las cortinas.
Se levantó, se puso camisón y bata, luego, salió a respirar un poco del aire fresco de aquella campiña. No podía negar que se sentía tremendamente bien, el paisaje era bello y la sensación también.
- Buenos días… -dijo Luciano parado en el umbral del ventanal.
Amelia volteó a verle, sonrió con timidez y dijo:
- Buenos días… Perdón, no era mi in