Luego de aquella apasionada noche, a la mañana siguiente Amelia despertó con el canto de las aves y los primeros rayos de sol colándose por las cortinas.
Se levantó, se puso camisón y bata, luego, salió a respirar un poco del aire fresco de aquella campiña. No podía negar que se sentía tremendamente bien, el paisaje era bello y la sensación también.
- Buenos días… -dijo Luciano parado en el umbral del ventanal.
Amelia volteó a verle, sonrió con timidez y dijo:
- Buenos días… Perdón, no era mi intención despertarte.
- Ya estaba despierto desde hace rato, solo que, yo era quien no quería despertarte. -dijo el joven acercándose a ella.
- ¿Cuál es el plan para hoy? -dijo Amelia sintiendo cómo los fuertes brazos de aquel hombre la rodeaban.
- Sobrevivir supongo… -dijo Luciano con naturalidad.
- ¿Sobrevivir? -preguntó Amelia intrigada.
- Antonio, Ángela y Valentina supongo que querrán que pasemos hoy el día con ellos y, por nuestro bien, será mejor que les dediquemos un día.
- Pensé que quer