Tras 12 horas de vuelo, el avión aterrizo en Milán tal como Luciano lo había dicho, Amelia se vio envuelta en un mar de personas que hablaban un idioma que no comprendía, aquello la aturdido un poco, pero no dijo nada, solo se limito a seguir a Luciano mientras él la tomaba de la mano.
Al bajar del avión, Amelia, Almendra y Luciano desayunaron en un elegante lugar, tras aquello, el hombre pidió su auto y sin decirles nada, comenzó a conducir hacia Brera, lugar donde podrían encontrar piezas únicas de diseñador.
Amelia veía por la ventana los paisajes y no podía creer que estuviese en otro país, todo era tan bello, calles empedradas, maceteros y flores todo lo que la llevaba a recordar su viejo pueblo, uno que era su hogar y que hoy día solo vivía en sus recuerdos.
- ¿Mami? ¿En qué piensas? -preguntó Almendra al ver muy callada a su madre.
- En nada cariño… Solo admiro el paisaje. -dijo Amelia limpiándose discretamente una lagrima.
No tan discreto que Luciano lo notó.
- ¿Verdad que Ital