Al día siguiente, Amelia despertó sintiendo que le había pasado un tren encima, aquel hombre parecía estar hambriento de ella y ella, por su lado, tampoco podía quedarse atrás, pues la química entre ambos era mucha, no quería hacerlo, pero, era inevitable comparar a Edgar con Luciano.
El primero había sido romántico, la llevaba al café, cines, le regalaba flores, chocolates e incluso peluches, bueno, todo un príncipe azul a sus 18 años, lo que la hizo caer redondita en solo un mes de noviazgo.
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