Una tarde, casi antes de que Adele se fuese a dormir, la niña se puso la ropa que sabía que debía usar para entrar a ver a su mamá; tal como todas las tardes, llevaba un libro. Este era una novela que había encontrado en la habitación de su madre hace mucho tiempo, pero que, se veía, lo había dejado en un capítulo y no la había vuelto a leer más.
Ella, pensando en si la recordaba o no, prefirió volver a comenzarla; había cosas que no entendía, había cosas que sí, pero siempre le leía al menos un