Al día siguiente, Laura se sentía un tanto extraña e incómoda; debía ir a la oficina; sin embargo, la plática con Adrien, la había dejado un tanto aturdida, por lo que, tratando de distraer su mente, prefirió tomarse un momento e ir a visitar a su sobrina Almendra.
—¡Laura! ¡Cariño! ¡Qué gusto verte! ¡Pasa, pasa…! —expresó Ángela con alegría.
—Ángela, ¿cómo estás? —preguntó la joven sintiéndose sorprendida.
—Bien, aquí cortando unas flores con mi “patito”.
—¿Patito?
—¡Oh! ¡Perdón! Tiene tiempo q