- Luciano… ¿Está todo bien? -preguntó Barbara al otro lado de la línea.
El hombre solo pudo masajear su frente, sabiendo que esta conversación iba para largo, lo supo desde el momento en que su móvil se encendió a las 11:00 pm.
En ese instante, Luciano levantó la mirada para ver a su hija, ella estaba profundamente dormida. La mujer que la cuidaba estaba recostada en el sofá cama que estaba a un lado de la camilla, así que, para no despertarlas, salió de la habitación y respondió.
- Bien, Barbara, ¿qué sucede? -dijo el hombre con voz apacible. - ¿Cómo te fue con el cierre del trato?
- Todo bien, Luciano, todo bien, salvo que ambos hombres se mostraron un tanto molestos por cerrar ese trato conmigo.
- Sabía que así sería, los hombres en la familia Salinas son así, no te lo tomes personal. -dijo el hombre con calma.
- Oye… Te he ayudado a conseguir un jugoso negocio, ¿Cómo piensas compensármelo? -dijo Barbara cariñosamente.
- Barb, en este momento no estoy un tanto disponible, pero créem