Luciano reconoció la voz, levantó la vista y observó a quien acababa de hablarle.
- ¿Ángela?
- ¡Hola, cariño! Anda, muévete, que me voy a sentar a tu lado… -dijo la joven mujer dándole golpecitos con su pie en la pierna de aquel hombre.
- ¡Estás loca! ¿Cómo crees que te vas a sentar en el suelo con ese vestido? -dijo Luciano tratando de levantarse.
- Mi cielo, ¿acaso no me conoces? -dijo Ángela sin pedir más permisos al sentarse a su lado. – Pensé que ya habías dejado ese horrible vicio, a ver,