Tras terminar la llamada, Luciano caminó al lugar donde descansaban los restos de su esposa, miró las flores que, tal como siempre, Ángela mandaba a colocar, las cambió y luego posó su mano en aquella placa que no paraba de recordarle el día en que su amada esposa ya no pudo luchar más.
- Hola mi vida… -dijo Luciano sintiendo como un nudo le invadía su garganta. – Tenía miedo de venir a verte…
Aquellas palabras tenían una razón de ser, puesto que dos días habían bastado para hacerle ver que no