Amelia trataba de sonreír mientras iba camino a casa, no fue hasta que Almendra cerro los ojos ante su cansancio que, Amelia dejo salir el coraje y frustración que sentía ante lo ocurrido, mediante silenciosas lágrimas que perfectamente cuido que Miguel no viera.
- Señora, hemos llegado. -dijo Miguel al notar que la mujer se encontraba distraída.
- ¡Gracias, Miguel! ¿Puedes ayudarme a bajar a Almendra? No me siento muy bien. -dijo Amelia sintiendo que el dolor de su espalda baja no paraba.
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