Amelia trataba de sonreír mientras iba camino a casa, no fue hasta que Almendra cerro los ojos ante su cansancio que, Amelia dejo salir el coraje y frustración que sentía ante lo ocurrido, mediante silenciosas lágrimas que perfectamente cuido que Miguel no viera.
- Señora, hemos llegado. -dijo Miguel al notar que la mujer se encontraba distraída.
- ¡Gracias, Miguel! ¿Puedes ayudarme a bajar a Almendra? No me siento muy bien. -dijo Amelia sintiendo que el dolor de su espalda baja no paraba.
Tras aquello, el hombre asintió, bajo a la pequeña Almendra y la llevo hacia su habitación. Una vez que Amelia se aseguro de arropar a su hija, se retiró al dormitorio que compartía con Luciano, ahí se recostó y en silencio lloró.
No quería hacer caso a las palabras de Barbara, pero el recuerdo de lo vivido con Edgar, la llenaban de frustración.
Amelia sobaba su pancita mientras sentía como su bebe se movía recordándole que debía calmarse, ella debía tratar de mantener la compostura, este tipo de em