Paolo se quedó paralizado en aquel cubículo, el joven trataba de asimilar lo que acababa de ocurrir, las palabras dichas por aquella mujer continuaban rezumbando en sus oídos, ¿En qué maldito momento toda su vida se había complicado tanto? Se preguntaba mentalmente.
Miro el libro que estaba tratando de leer y de pronto ya no se sintió con ánimos de continuar, por lo que tomo su maletín y salió de aquel lugar.
El joven esperaba que nadie en la biblioteca se hubiese percatado de lo que ababa de suceder, era obvio que nadie había escuchado la conversación, pero esperaba que nadie hubiera visto entrar a la estúpida gorda esa.
Por un momento se vio tentado a ir a buscarla y obligarla a que aceptara el deshacerse de ese hijo. Ella tenia que aceptar, ya fuera por las buenas o por las malas, pero tenia que aceptar, puesto que, si bien no sabía si era suyo o era de alguien más, el solo hecho de pensar que hubiese una posibilidad de que fuera de él, siempre sería una piedrita en su camino.
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