Abrió la puerta antes de pensar.
—¿Qué haces aquí? —susurró, consciente de su propio desaliño, de los labios hinchados, de todo lo que él podía deducir con solo mirarla.
Los ojos de Alexander recorrieron su cuerpo, la bata mal abrochada, el pelo revuelto. Luego se clavaron en algo detrás de ella. Daniela se volvió: Roberto, en boxers y nada más, cruzaba desde su cuarto al baño casi de forma intencional.
Alexander no necesitó más explicaciones. Su rostro se transformó en una máscara de hiel