Un grave error.
El alarido de una discusión despertó a Daniela de golpe. Las voces llegaban desde el exterior, tan estridentes que atravesaban las paredes del apartamento. Se incorporó con el corazón acelerado, buscando a tientas el celular en la mesita de noche. Las luces del barrio seguían apagadas—otro maldito apagón—pero la luna llena iluminaba lo suficiente para distinguir las sombras moviéndose tras las cortinas.
—¡No jodas más, María! ¡Daniela siempre fue el amor de mi vida! —La voz de Roberto, retumb