El restaurante estaba en calma, iluminado por pequeñas lámparas moviles que proyectaban sombras danzantes sobre las paredes. Daniela cortaba con precisión un trozo de carne, concentrada en el plato, mientras Alexander observaba con una sonrisa divertida.
—Tienes un apetito admirable —comentó él, inclinándose ligeramente hacia adelante—. No muchos pueden disfrutar de la comida con tanta… dedicación.
Ella alzó la vista, sosteniendo el tenedor con elegancia.
—Cuando algo me gusta, no veo raz