El avión aterrizó en Managua con un estremecimiento violento que sacudió a los pasajeros. Roberto se ajustó la gorra de béisbol con dedos temblorosos, sintiendo cómo el sudor frío le corría por la espalda bajo la camisa empapada. Llevaba setenta y dos horas sin dormir, perseguido por fantasmas de su propia creación.
-El bar "El Desesperado olía a cerveza rancia y marihuana barata. Roberto se acercó al tipo sentado en la última mesa, un hombre de piel curtida por el sol con ojos tan muertos co