El teléfono de Daniela vibró en la madrugada, rompiendo el frágil silencio que había seguido a su noche de pasión. La pantalla iluminó su rostro cansado mientras leía el mensaje que brillaba amenazante en la oscuridad:
—Si no me das información real, mañana habrá cargos en fiscalía por cualquier cosa que se le ocurra contra tu familia.
Daniela contuvo la respiración, sintiendo cómo el pulso se le aceleraba. La amenaza era clara y directa: Larsen había perdido la paciencia y no iba a esperar