Gustavo llegó a la villa y, casi sin pensarlo, se dirigió a la habitación de Sofía.
—Sofía —susurró, pero lo único que escuchó fue un profundo silencio.
Antes, cada vez que regresaba, Sofía salía corriendo hacia él, llamándolo con una sonrisa dulce.
Pero ahora, lo único que encontraba era una habitación vacía.
Su lobo aullaba de dolor dentro de él.
Con pasos vacilantes, entró en la habitación, buscando cualquier pista de los momentos en que Sofía aún lo había amado.
Pero al mirar, se dio cuenta