Mientras tanto, en la frontera de la Manada del Arroyo, en medio de la guerra...
Estaba en una vieja ruina de piedra, usando ramas para dibujar en el suelo, enseñando a los cachorros lo básico sobre las hierbas medicinales.
Era el quinto día desde que llegué aquí.
Pensé que todo se reduciría a ayudar con suministros médicos escasos y curar heridos, pero no imaginé que ni siquiera tendrían conocimientos médicos básicos.
Como decidí unirme a este proyecto, iba a hacer todo lo que pudiera para ayudarlos.
Aunque no podía cambiar sus vidas marcadas por la guerra, sí podía enseñarles algo útil que les ayudara desde lo más fundamental.
Justo cuando les enseñaba a los cachorros a memorizar los diagramas de las hierbas, escuché una risa ligera provenir de la puerta.
Levanté la vista y allí estaba, Hugo Lara, apoyado en el umbral, con los ojos entrecerrados y esa sonrisa tan característica.
Cuando notó que lo miraba, levantó una ceja y me lanzó una mirada juguetona.
Solté las hierbas y me acerqu