La ceremonia de apareamiento se interrumpió por el escandaloso incidente, y los ancianos ordenaron que los presentes se fueran.
Cuando todos se fueron, Gustavo dejó escapar su furia, destrozando todo lo que encontraba a su paso. El anillo de piedra lunar, que debía simbolizar su unión, terminó tirado al lago.
Livia, pálida, se arrodilló en el suelo, rogándole otra vez una oportunidad para explicarse. Pero Gustavo ni siquiera la miró.
La furia y el arrepentimiento se mezclaban en su pecho, devorá