En toda mi vida no existía momento más incómodo como este. Mi presencia brillaba con todo glamour en la oficina del dueño de Sunday Crazy, la empresa donde trabajo desde hace años sufriendo de la explotación laboral como una estúpida solo por la esperanza de algún día lograr mi sueño de ser una reconocida escritora a través de seudónimos.
El hombre solo se paseaba mi alrededor mientras me miraba fijamente, sin despegar ni por un segundo su mirada de mí. Era como si me estuviera examinando de