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Capítulo 5: Traición
—Como usted diga, señor Robinson —dijo Selena al fin.

Harris se rio y se recostó en su sillón ejecutivo. A los pocos instantes, llamó al departamento de Recursos Humanos para ordenarles que redactaran el nombramiento oficial de Selena como su secretaria personal.

—Empiezas mañana —dijo Harris al colgar. Luego le indicó a Selena que bajara a Recursos Humanos para terminar con los trámites de contratación.

—Gracias.

Selena pidió permiso para retirarse, pero cuando puso la mano en la manija de la puerta, Harris volvió a hablar desde la oficina.

—Acompáñame a cenar esta noche.

—¿Qué? —Selena parpadeó, confundida. Harris acababa de decirle que su trabajo empezaba al día siguiente y ya le exigía acompañarlo a cenar esa misma noche—. ¿No dijo que empezaba mañana...?

—Olvidé que tengo una cena con un socio de negocios —la interrumpió Harris con tranquilidad—. Considéralo tu cena de bienvenida.

Selena guardó silencio. Como ya había aceptado el trabajo, se sintió atrapada. Sin otra opción, terminó por asentir.

Harris sonrió, triunfante, mientras la veía salir de la oficina. Esa noche, Selena se puso un vestido rosa palo a la altura de la rodilla. Se veía deslumbrante.

—Solo espero que Anton no cambie de opinión y me vuelva a prohibir trabajar —murmuró para sí mientras se acomodaba el vestido frente al espejo.

Ya había acordado con su esposo salir esa noche con Harris. Por coincidencia, Anton tampoco estaba en casa; había llamado para avisar que se quedaría hasta tarde en la oficina haciendo horas extra.

Poco después, Harris llegó a recogerla. La miró sin disimulo, fascinado, mientras ella caminaba hacia su auto.

—Es perfecta —murmuró Harris.

La cena fue en un restaurante de lujo dentro de un hotel de cinco estrellas. Un hombre ya los esperaba en la mesa reservada.

—Bienvenido, Harris. Veo que trajiste a una hermosa acompañante —bromeó el hombre entre risas. Se llamaba Damian.

—Es mi nueva secretaria. —Harris la presentó.

—Siempre eres igual, Harris. Dices que es solo un encuentro casual y aun así traes a tu secretaria. Aunque debo decir que es muy atractiva —dijo Damian mientras le guiñaba el ojo a Selena con descaro.

Selena bajó la mirada y se dio cuenta de que la cena informal era solo una fachada. Harris y Damian estaban cerrando un contrato comercial.

—Solo busco ser eficiente —respondió Harris con una media sonrisa.

Durante toda la cena, Damian no dejó de lanzarle miradas sugerentes a Selena. La situación llegó al límite cuando, mientras ella comía atenta a su plato, una mano se deslizó bajo la mesa y se posó en su muslo. Era Damian.

Sobresaltada e incómoda, Selena se obligó a mantener la calma. No quería hacer un escándalo y arruinar el negocio de su jefe en su primera noche de trabajo.

—Disculpen, caballeros. Necesito ir al baño —dijo Selena al levantarse de golpe.

—Por supuesto —respondió Harris.

Selena se alejó a paso rápido y suspiró aliviada en cuanto quedó fuera de la vista de ambos. Al menos por un momento estaba libre de esa mesa sofocante.

Sin embargo, apenas había dado unos pasos por el gran vestíbulo cuando vio una silueta que le heló la sangre. Un hombre acababa de cenar y salía acompañado de una mujer.

Era Anton.

El mismo hombre que había asegurado que se quedaría trabajando hasta tarde en la oficina caminaba delante de ella, muy cariñoso con Carla, una mujer a la que Selena solo conocía como colega de Anton.

Los dos salían del restaurante. Selena retrocedió, negándose a llamarlo. En cambio, se quedó observando desde las sombras, dispuesta a ver la verdadera naturaleza de esa relación.

—Otra vez felicidades por tu ascenso, cariño —dijo Carla, melosa, mientras se aferraba al brazo de Anton y se recostaba contra él.

—Esta noche vamos a festejar, mi amor.

—Estoy más que lista.

Los dos se rieron con complicidad mientras Selena, a unos metros, sentía que se le partía el corazón. Ese era el verdadero motivo por el que Anton siempre decía que hacía horas extra, aunque en su sueldo nunca aparecía un solo centavo adicional.

Selena los siguió con sigilo. Para su horror, Anton y Carla no se dirigieron al estacionamiento, sino a los elevadores del hotel. En cuanto las puertas se abrieron, entraron y se fundieron en un beso apasionado.

—Anton... —susurró Selena con la voz quebrada.

Selena apenas podía respirar, abrumada por la mezcla de emociones. Ya no podía negar la verdad. La habían traicionado todo ese tiempo. Meses atrás había encontrado una sospechosa marca roja en una de las camisas de Anton, pero decidió ignorarla para no pensar lo peor.

Había sido demasiado ingenua. Cegada por las lágrimas, Selena se dio la vuelta para huir.

¡Pum!

Chocó de lleno con alguien. Perdió el equilibrio, pero unos brazos fuertes la atraparon y la sostuvieron contra un pecho firme.

—Señor Robinson... —jadeó Selena, conmocionada al alzar la mirada.

—Tardabas mucho en el baño. Me preocupaba que te hubiera pasado algo, así que vine a buscarte —explicó Harris.

Selena se apartó de sus brazos con el pulso acelerado.

—Deberíamos volver a la mesa —balbuceó.

Harris negó con la cabeza.

—No hace falta. Damian ya se fue.

Se sintió culpable.

—Lo siento mucho. Arruiné la reunión.

—No hay ningún problema. Vamos, te llevaré a casa.

Selena asintió y lo siguió en silencio, incapaz de apartar de su mente la imagen de Anton y Carla. Se preguntó si Harris también los había visto.

—¿Quieres ir directo a casa o prefieres ir a otro lugar primero? —preguntó Harris una vez que estuvieron en el auto.

—¿Podemos solo dar unas vueltas en el auto un rato? —preguntó Selena con la voz tensa.

—Está bien. ¿Tienes algún lugar en mente?

—Cualquier lugar está bien.

Harris asintió. Sin hacer más preguntas, como si comprendiera su angustia, puso el auto en marcha y condujo hacia un centro comercial de lujo cercano.

—¿Qué tal si vemos una película? —sugirió él en tono suave.

Selena asintió. A esas alturas, no le importaba adónde fueran; necesitaba desesperadamente algo que la distrajera de la angustia.

De pronto, recibió un mensaje en el celular. Era de Anton. Selena lo abrió.

Anton: “No iré a casa esta noche. Se me acumuló mucho trabajo. Me quedaré a dormir en el departamento de un compañero que vive más cerca de la oficina”.

Selena dejó escapar una risa seca y amarga. Anton le estaba mintiendo en la cara otra vez.

Durante los últimos meses, Anton había pasado varias noches fuera de casa con esa misma excusa. Ahora sabía la verdad. No se quedaba a dormir en casa de ningún amigo, sino en hoteles de lujo con Carla.

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