—Señor Robinson.
Tanto Selena como Anton se quedaron paralizados ante la inesperada aparición de Harris.
—Sí —respondió Harris. Su mirada penetrante bastó para disipar la tensión; luego se dio la vuelta y desapareció en su oficina.
Anton le lanzó a Selena una mirada venenosa y se fue echando chispas. ¿Cómo se atrevía su esposa a negarle el efectivo a su madre? De todas formas, ni que esos cinco mil dólares del otro día hubieran salido de su bolsillo.
Selena entró a la oficina de Harris y puso ag