—Entonces, si soy yo el que paga todo, ¿de qué sirve que trabajes? —le reclamó Anton mientras se cruzaba de brazos.
—Este auto es para ti —protestó Selena, en un intento desesperado por hacerlo entrar en razón.
Era como una cachetada. En cuanto empezó a aportar dinero a la casa, él intentó echarle encima todos los gastos con el débil pretexto de que ganaba más que él.
—También vas a usarlo algunas veces. ¿Por qué tienes que ser tan jodidamente tacaña?
—No soy tacaña. Pero ¿cómo se supone que vam