Iris
Regresaba a casa, con el corazón pesado, las manos crispadas alrededor de la bolsa que ni siquiera había tenido el valor de deshacer. Cada paso resonaba en ese pasillo que conocía de memoria, pero que esa noche me parecía extraño, como si la casa misma me rechazara. Tenía la sensación de avanzar en una pesadilla de la que no podía despertar. Raphaël había cruzado otra vez una línea, esa frágil frontera que creí nunca volver a ver, la frontera entre la ira contenida y la ruptura. Esa línea