Raphaël
Me quedé ahí, de pie en la penumbra de mi oficina, los dedos rozando distraídamente el frío cristal de un whisky medio lleno. El silencio de la habitación me envolvía, pero en mi cabeza, una tormenta rugía, un caos de pensamientos y deseos que me costaba contener. Desde el primer día que la vi, había estado presente en cada uno de mis instantes, desafiando toda lógica, toda prudencia. Ella era ese fuego impredecible que quería tanto controlar como dejar arder, ese enigma que no podía ni evadir ni descifrar fácilmente.
Recuerdo ese momento preciso en que su mirada se cruzó con la mía por primera vez, esa mezcla de brillo y desafío, esa postura orgullosa que rechazaba cualquier sumisión. Una mujer que sabía luchar, sí, pero bajo esa armadura de ira y dolor, vislumbraba una fragilidad que se esforzaba por ocultar. Esa fragilidad era la clave. Lo sentía en lo más profundo de mí. Solo necesitaba descubrir ese punto débil, ese eslabón invisible donde su armadura se agrietaría, ese l