Raphaël
Me quedé ahí, de pie en la penumbra de mi oficina, los dedos rozando distraídamente el frío cristal de un whisky medio lleno. El silencio de la habitación me envolvía, pero en mi cabeza, una tormenta rugía, un caos de pensamientos y deseos que me costaba contener. Desde el primer día que la vi, había estado presente en cada uno de mis instantes, desafiando toda lógica, toda prudencia. Ella era ese fuego impredecible que quería tanto controlar como dejar arder, ese enigma que no podía ni