NOLAN
No sé ni cómo he regresado aquí, a este bar que huele a sudor de recuerdos, donde la iluminación escupe su eterno temblor amarillo sobre rostros borrosos, hombros demasiado cerca, vasos que chocan, risas que suenan falsas, silencios que gritan más fuerte que todo lo demás, y en medio de esta niebla saturada de sonidos, cuerpos y olvido, ella: Tania.
La que ya me había mirado hace un momento, un poco demasiado tiempo, un poco demasiado directo a los ojos, con esa mirada que no busca se