Capítulo 66— Sangre y negocios
El sol de Moscú apenas se filtraba entre las gruesas cortinas de la mansión, cuando Anastasia despertó con el sonido suave de los balbuceos de Odessa. La pequeña movía las manitas, sonriendo entre sueños y Dimitri estaba apoyado a su lado en la cama con la pequeña en medio. Este la había traído tras despertarse y ahora la observaba con esa mirada entre tierna y protectora que solo reservaba para ellas.
— Buenos días — dijo Anastasia llevando sus manos a su rostro,