Capítulo 38 — Rostros y Sombras
El aire fresco de los jardines traseros era distinto al de cualquier otra parte del palacio escondido. Anastasia buscaba tranquilidad aquella mañana, un respiro de las rutinas y la vigilancia constante de los guardias. Sin embargo, lo que encontró fue la figura de Igor, inclinado sobre una mesa metálica improvisada, revisando un par de armas con la meticulosidad de un cirujano. A su lado, otro de los hombres de seguridad esperaba instrucciones, escuchando en sile