YELENA
—¡Ah, sí, claro! —Tristan se apartó de repente, como si recordara algo urgente.
Abrió la llave del gas, la cerró y, de repente, una bocanada de vapor salió de la olla, llenando la cocina con ese aroma cálido e intenso que me hizo rugir el estómago a pesar de mí misma.
Ni siquiera me di cuenta de que me había acercado, atraída por el olor.
Era… tentador. Aunque se había quemado un poco, el aroma me envolvió, suave y fuerte a la vez, como él.
Revolvió la olla con cuidado y yo lo observé, f