MARIE
Horas más tarde...
La noche se había asentado profundamente.
Mi hermano permanecía en el centro de todo, como siempre; su discurso había terminado, pero su presencia aún llenaba el salón.
Agradeció a todos. Elogió a quienes habían permanecido leales a la manada. Mencionó nombres con esa autoridad serena en la voz que hacía que la gente escuchara sin dudarlo.
No se apresuraba en nada.
Nunca lo hacía.
Presentó a los Grandes Alfas, a los invitados de otras manadas, a aquellos con poder y ren