LIVIA
—Dije que no voy a ir —repetí con voz inexpresiva. Ella apretó con más fuerza el mango de la escoba—. Ni lo intentes —dijo mi madre—. Vas a ir.
Solté una pequeña burla.
—No voy a ir a ninguna parte —dije—. A menos que sea Tristan quien me lleve.
Sus labios se tensaron en una línea fina.
—Deja de soñar —espetó—. Él no será tu acompañante.
Incliné ligeramente la cabeza, observándola. —¿Qué vas a hacer si no voy? —pregunté en voz baja.
Ella no respondió.
Por supuesto que no.
Exhalé y levanté