TRISTAN
En el instante en que Jackson me entregó su tarjeta y vi la dirección escrita en letras grandes, lo supe.
Lo supe incluso antes de llegar.
Era su casa.
Nyra había estado viviendo con él.
Claro que sí.
¿Quién la había alejado? ¿Quién la había hecho sentir que no tenía a dónde ir?
Yo.
Ese pensamiento me oprimía el pecho mientras salía del coche y contemplaba las altas puertas negras frente a mí. La casa tras ellas era silenciosa pero imponente. Se podía sentir. El aroma de lobos fuertes i